Hace un par de horas me he enterado del fallecimiento de Francisco Ayala. Me he sentido triste porque siempre me habían interesado sus escritos y recientemente, justo en estas últimas semanas, estaba terminando un trabajo sobre su novela Muertes de Perro para un libro al que me habían invitado participar junto a otros colegas de todo el mundo. Curiosamente, yo era el único nacido en Granada lo que quizá muestra la altura de miras y el alcance de la obra de Francisco Ayala que ha despertado interés mucho más lejos de la provinciana ciudad que lo vio nacer.
Además llevo cinco años enseñando la obra de Ayala en Cambridge, lo que ha sido un gran disfrute y no hace mucho la Fundación Ayala también me pidió que reseñara en inglés el volumen de las obras completas que compilaba sus escritos literarios. Algo que me hizo ilusión ya que son poco conocidos en el Reino Unido.
Hace unos años se construyó, a través de los medios de comunicación y de otros elementos, la imagen de un Ayala como el último miembro de la Generación del 27. Ante eso, ante tanto homenaje, Ayala respondió con una magnífica frase cuando le preguntaron sobre lo que le parecían todo estos fastos: '¡Estoy harto de Francisco Ayala!'.
Y es que se ha muerto, al menos para mí, uno de los grandes. Aprendí muchísimo sobre la vida cultural a partir de los 30 primero con 'De mis pasos en la tierra' y después con 'Recuerdos y olvidos'; disfruté con novelas como 'Muertes de Perro' o cuentos como los que conforman 'Los Usurpadores'; me admiré por la modernidad de 'Indagación del cinema' o conocí valiosas reflexiones sobre los clásicos y, sobre todo, sobre el objeto literario.
De todos sus artículos hay uno que me gusta especialmente: 'La literatura asediada'. En ese artículo Ayala explicaba que la literatura se encuentra aprisionada por todo lo que no tiene que ver con el acto de la lectura y la escritura. El discurso teórico ha sustituido a la obra en sí para legitimar, en muchas ocasiones, la bajísima calidad del texto y el crítico se refugia en un lenguaje críptico por puro prurito de distinción aristocrática o por pura incapacidad pedante para expresar sus ideas de forma más eficiente. Es muy fácil afiliarse a una teoría y aplicarla como un catecismo, decía Ayala.
Además quisiera destacar por encima de todo su defensa del poder de la lengua para hablar de los conceptos más abstractos y elaborados sin caer en la ramplonería o la pedantería.
Sus escritos y su visión de la historia española desde los años 30 son fundamentales para la mejor comprensión de quiénes somos y dónde nos encontramos.
No puedo hacerle otro homenaje que pedirles que lean sus libros, los escritos de uno de los pocos intelectuales que nos quedaban.
Hoy es un día triste. Ante tanta corrupción, ante tanto enchufismo, ante tanta mediocre imbecilidad de los bobos listos que se venden al mejor postor para seguir manteniendo vivo su negocio; Ayala se ha marchado con la humildad y la inteligencia auténtica de un humanista irremplazable e insobornable.
Всичко в есен / All In the Autumn
Hace 2 días